TODAS
LAS SIMBIOSIS SON RESONANCIAS TEMPORALES 1
Proceso y (tele)comunicación en la obra de Marisa González
Textos Claudia Giannetti
"Construyendo, reconstruyendo, sustituyendo, reciclando, deconstruyendo"
Era la divisa de la acción-taller "Estación Fax"
dirigida por Marisa González, que indicaba, a la vez, los tipos
de intervenciones previstos por la artista para este evento llevado
a cabo en la Sala Rekalde de Bilbao, en el contexto de BilboGraph 95.
En líneas generales el proyecto consistía en una estación
de fax receptora-transmisora instalada en la sala de exposición,
que recibía y enviaba obras de los colaboradores internos y externos
durante tres días.
A partir de una convocatoria internacional, los invitados externos remitían
sus aportaciones, que eran manipuladas por el grupo de trabajo local.
El resultado de la intervención era retransmitido al participante-emisor
y entraba a formar parte
de la instalación creada a partir de las imágenes producidas
en el taller. De esta manera, la estación funcionaba como un
laboratorio destinado a "infectar" o "contaminar"
las propuestas recibidas y establecer, así, un diálogo
entre emisor y receptor a partir del intercambio de los trabajos. Las
obras recibidas desde puntos remotos, enviadas por participantes de
más de diez países, se transformaban en materia prima
apta para intervenir y reciclar.
Mediante este proceso se creaba el corpus del proyecto, que servía
asimismo de metáfora sugerida en el epígrafe de la obra:
"Cuerpo individual-Cuerpo social. Cuerpos infectados-Cuerpos contaminados".
El proceso de manipulación de la obra enviada por un agente,
llevada a cabo por el grupo de trabajo, permitía el paso desde
la idea de creación individual, única, hacia el concepto
de obra colectiva, social. Quedaba explícito que en ningún
momento se aludía
a "obras originales"; el propio método de teletransmisión
ya implica la pérdida del original.
En este proyecto Marisa logra articular tres elementos esenciales y
reincidentes en su trabajo.
El primero una de las principales características de su
obra consiste en desarrollar distintas prácticas que implican
la idea de proceso como método de trabajo: variación,
serialización, intervención, movimiento, etc. La artista
emplea
las máquinas o tecnologías para lograr el proceso de evolución
y re-creación de la imagen a través de la metamorfosis
de la secuencia, a partir de la cual "las imágenes van generando
nuevas imágenes y terminan convirtiéndose en algo totalmente
irreconocible; imágenes nuevas van naciendo de su propia génesis,
estas nuevas
imágenes se generan de nuevo y dan origen a una nueva metamorfosis
y una nueva imagen hasta completar el ciclo"2. En este sentido,
la obra es siempre un work in progress, o para usar las palabras de
Fernando Pessoa, una copia sin original.
Su temprano y sostenido interés por el proceso se perfila de
forma apreciable en este proyecto de Fax Art. En definitiva, el propósito
no estaba en producir una obra final, sino que la obra consistía
en el propio proceso de desarrollo. Estrechamente vinculado al proceso
están las ideas de variación (tiempo/movimiento) y de
aleatoriedad, otros dos conceptos clave en el método de trabajo
de Marisa. Su larga trayectoria en la experimentación con nuevos
medios (sus primeras exposiciones a partir de 1975 ya exhibían
trabajos realizados con diferentes tecnologías), especialmente
en el campo de la Electrografía, culmina con la introducción
en España de los Sistemas Generativos desarrollados por Sonia
Sheridan en el Art Institute de Chicago, de quien
fue alumna y colaboradora. Desde su desarrollo en 1970, los Sistemas
Generativos pretenden investigar la integración de los medios
analógicos y digitales y su empleo en la generación de
imágenes mediante su desarrollo en tiempo real. Este proceso
conduce a un "movimiento secuencial, en el que una imagen es la
recopilación de toda la serie, la primera necesita de la segunda
y ésta de la siguiente, hasta completar el todo de cada secuencia"3.
Otra serie generativa más de Marisa, "La descarga"
(1976), partía de retratos fotográficos de rostros femeninos
en blanco y negro, que eran fotocopiados
y manipulados con una máquina de termofax que permitía
controlar la luz y lograr diferentes intensidades. La experimentación
con nuevas técnicas, el tiempo
y el ritmo relacionados con el proceso de elaboración (la secuencia
longitudinal de unos 30 metros de esta obra subraya esta idea), y lo
impredecible asociado
al propio trabajo con un aparato controlable sólo parcialmente
o a las imágenes captadas en el momento, estos tres factores
experimento, tiempo/proceso
y azar se convierten en el núcleo de la creación
de Marisa González.
Tanto en los retratos electrográficos de los años setenta
como en la serie de retratos digitales realizada con el sistema Lumena
una plataforma de captura de imagen videográfica asociada
a una paleta gráfica digital, empleado por Marisa a partir
de 19864, la casualidad se convierte en una forma de proceder espontánea
que une la captura del gesto al poder asociativo de las ideas. Marisa
consigue transformar lo que podría ser un simple "efecto
lateral" en la fuente misma de creación.
En las secuencias de obras realizadas con el sistema Lumena como
la dedicada a Pedro Garhel, en la que el artista ejecuta una micro-performance,
Marisa logra aprehender la temporalidad del movimiento. El dinamismo
de la acción se asocia
con el propio dinamismo de la captura y la manipulación de la
imagen digital. No obstante, este tipo de procedimiento es fruto de
sus investigaciones anteriores en procesos electrográficos. "Miradas
en el tiempo", título de una serie de electrografías
de 1993, es un buen ejemplo de la forma en que la artista incorpora
los factores tiempo
y movimiento en el proceso de realización mediante la fotocopiadora.
En algunos casos la imagen parece deslizarse por el espacio y crear
un recorrido perceptible para el espectador.
Desde estas perspectivas, puede considerarse la incorporación
de la tecnología de telecomunicación en sus investigaciones
como un paso congruente. Marisa González ha colaborando desde
1990 con varios eventos internacionales de Fax Art, como
Art Reseaux, promovido por un grupo de artistas de la Universidad de
París en diferentes espacios durante los años de 1990
a 1992; People to People, una acción de Fax Art realizada en
Praga (1990); The longing of the electronic media for nature, realizada
en Colonia (1992), entre otros. En 1993, Marisa organizó el taller-exposición
"Fax Station", llevado a cabo en el Círculo de Bellas
Artes de Madrid. El evento consistió en la creación de
una plataforma de recepción y transmisión de propuestas
vía fax, y de un espacio expositivo de los trabajos generados
durante el periodo en el que funcionó
la Fax Station. El aparato de fax, colgado a 15 metros del suelo, expelía
de forma continuada las obras recibidas de todas las partes del mundo,
subrayando la idea de dinamismo inherente a la propia acción.
Pese a que la Electrografía o más vulgarmente llamada
Copy Art y el Telecopy Art o Fax Art (en el contexto del Telecommunication
Art) utilicen aparatos diferentes, éstos comparten el mismo principio
básico y pueden ser considerados análogos respecto a la
idea de network y de proceso como método de trabajo.
En realidad, ambas tecnologías tienen un origen común
y es interesante constatar que la investigación en torno a la
comunicación a larga distancia abarcaba desde el principio la
preocupación por la realización y transmisión de
"copias". Los primeros experimentos con el telégrafo
eléctrico a mediados del siglo XIX (Samuel Morse) permitieron
la transmisión de mensajes codificados (código Morse,
entre otros), pero también de manuscritos o dibujos hechos a
mano. En 1843, Alexander Bain inventó el sistema de scanner para
la transmisión de imágenes, denominado Automatic Copying
Telegraph, que puede ser considerado el primer prototipo de lo que vendría
a ser el telefax o facsímile. En 1851, en la Exposición
Mundial de Londres, la unión entre una telecopiadora y el telégrafo
permitió a Frederick Collier Bakewell demostrar al público
admirado que era posible transmitir un manuscrito a larga distancia
y recibirlo impreso con las mismas características. En 1885,
P. I. Bakmatjew desarrolló la telefotografía, que acoplaba
por primera vez dos nuevas técnicas que revolucionaron el sistema
de representación y de comunicación humanos: la fotografía
y la telecomunicación.
Por un lado, la imagen congelada de la fotografía significa una
suspensión del tiempo y la posibilidad de fijar y reproducir
el momento, y por otro, el mensaje sin cuerpo significa una suspensión
del espacio físico y una superación del cuerpo real. Por
consiguiente, la reproducción mecánica de imágenes
de la realidad y su transmisión a larga distancia inciden en
la generación de una nueva comprensión de la apariencia
y la comunicación como fenómenos desmaterializados y desvinculados
de nuestra realidad física, por ende, potenciales o virtuales.
Copy Art y Fax Art exploran estos conceptos, vinculados de forma inherente
a los medios que utilizan. Ambos incorporan el azar como elemento esencial
de la creación, ya que tanto la fotocopiadora como el fax no
permiten un control absoluto por parte del artista, puesto que existe
un factor externo (de la máquina o de la línea de transmisión)
en el proceso de realización o de transmisión que puede
funcionar como fuente de ruido o interferencia. La imagen original desaparece
en el proceso de transformación, sea mediante la fotocopiadora,
sea a través del envío. En el caso específico del
Fax Art, la obra sólo existe a partir del proceso de transmisión
y recepción.
En el ámbito internacional, los primeros proyectos o experimentos
artísticos que envuelven la telecomunicación realizados
a partir de los años cincuenta se centraban en el uso de la radio,
la televisión y el satélite como medios de expresión
e investigación de nuevas estrategias de superación de
los límites convencionales del arte. En España una de
las primeras experiencias en este sentido fue Cadaqués Canal
Local, un proyecto de Antoni Muntadas que utilizaba un canal de televisión
regional para transmitir una programación reportajes y
entrevistas producida por el artista
y su equipo de colaboradores en el pueblo de Cadaqués. Era el
año de 1974 y en el país había un único
canal oficial de televisión. Este proyecto de televisión
comunitaria transgredía, así, no sólo el ámbito
artístico y telecomunicativo, sino que también incidía
en el contexto social y político.
El hecho de presentar "su" programación en los bares
del pueblo o en el Casino, donde el televisor solía funcionar
como elemento socializador, demostraba la preocupación del artista
una inquietud propia de esta generación por establecer
una intercomunicación entre espectador y obra. La preocupación
por lograr la comunicación bidireccional, global y a larga distancia
entre público-artista-obra se manifiesta en diferentes proyectos
artísticos desarrollados principalmente a partir
de mediados de los años setenta y en los ochenta. Uno de los
más conocidos fue El mundo en 24 horas, concebido por Robert
Adrian para el festival Ars Electronica82, Linz. El objetivo del
proyecto era investigar el "espacio electrónico" creado
a partir del uso de medios de telecomunicación de baja tecnología
(low-tech), como el fax, el teléfono o el slow-scan-television,
para la transmisión de materiales artísticos desde todas
las partes del mundo5. En esta misma línea de investigación,
los artistas Michael Bidner, Mary Misner, Lisa Sellyeh y Peter Sepp
organizaron en junio de 1984 la acción pARTiciFAX, que reunió
aportaciones de África, América, Asia, Australia y de
distintos países de Europa. A finales de los años ochenta
se experimentó una proliferación de los proyectos de Fax
Art, mezclados muchas veces con la nueva versión electrónica
del Mail Art, que pasó a utilizar las telecomunicaciones como
medio de transmisión.
En España, uno de los primeros proyectos de Fax Art fue llevado
a cabo por Rubén Tortosa. La exposición Variaciones en
Gris, presentada por la Fundación Arte
y Tecnología, hoy Fundación Telefónica en 1992
en el Centro Cultural de la Villa, en Madrid, incluía la acción-instalación
de Fax Art concebida por Tortosa, cuyo tema se centraba en la obra de
Juan Gris.
Tortosa invitó a once artistas ubicados en diferentes continentes
(América, Japón, Europa) a enviar vía fax una interpretación
o variación de las pinturas de Gris.
Las obras transmitidas a una hora determinada eran recibidas por once
aparatos de fax que colgaban del techo de la sala de exposición.
El público podía observar la recepción/producción
en tiempo real de las tele-propuestas de los diferentes artistas,
que caían en cascada de los aparatos.
Marisa González participó en esta muestra con una serie
de obras electrográficas de gran formato dedicadas a Juan Gris.
Para su realización, Marisa utilizó la copiadora Canon
A1 por inyección de tinta en color, cuyo sistema estaba recién
lanzado en
el mercado y de la cual se deriva la denominación de Bubble Jet
Art. En esta serie queda patente que la artista no emplea el aparato,
ya sea la impresora, ya sea la fotocopiadora, exclusivamente como medio
de reproducción, sino que ella lo aplica como una herramienta
de creación y de elaboración de una estética específica
que escudriña las potencialidades del sistema. De hecho, la capacidad
de explorar los recursos técnicos de los aparatos con el propósito
de trascender los límites de la mera función utilitaria
de los procesos mecánicos puede considerarse como otra de las
peculiaridades más determinantes de la obra de Marisa González.
Esta capacidad se vincula tanto en sus obras electrográficas
o digitales como en las de telecomunicación, con la investigación
sistemática de dos formas de comunicación: la comunicación
estricta humano-máquina (autor-herramienta), y la comunicación
abierta emisor-receptor-medio (autor/es-medio).
Desde el punto de vista de la reflexión estética en Media
Art, el planteamiento de estos dos niveles de comunicación se
perfila, en efecto, como elemento primordial de pesquisa. La comprensión
de la comunicación como un proceso artificial, que se basa en
modelos, herramientas e instrumentos que manipulan símbolos a
nivel de códigos, implica que la comunicación humana no
es un fenómeno natural y objetivo, como se suele asumir desde
el punto de vista informacional, sino que se presenta como
un proceso intersubjetivo y reactivo. La comunicación entendida
como interacción encierra un tipo de transmisión bidireccional
de información entre seres vivos (o entre humanos y máquinas)
en un determinado contexto. Esto significa que los sujetos no pueden
ser considerados independientemente del medio con el cual interactúan.
Proyectos como las Estaciones de Fax de Madrid o de Bilbao inciden justamente
en esta línea de reflexión. Tanto el proceso de interacción
que permite la comunicación, como la descorporeización,
temporalización, simultaneidad y virtualización
que implica la telecomunicación y los recursos técnicos
digitales, no han pasado inadvertidos Marisa González. Cuando
la artista nos habla a través de sus obras
de "cuerpo deconstruido", "cuerpo reciclado", "construcción
artificial", "reconstrucción del territorio",
etc., hace hincapié en la idea según la cual las prótesis
o aparatos conducen a la transformación de las nociones de espacio,
tiempo, objeto y sujeto. La actuación en este nuevo contexto
y la redefinición de estas nociones son preocupaciones constantes
en su producción. Marisa ha sabido percatarse de la necesidad
de llegar, a través del desarrollo de la comunicación
humano-máquina, a una simbiosis o asociación equilibrada
entre la práctica artística y los recursos técnicos,
indagando no sólo acerca de los puntos de contacto, sino también
acerca de los de fricción entre ambos. Es por eso por lo que,
aunque conocida sobre todo por su gran aportación a la Electrografía,
la obra de Marisa González elude las definiciones circunscritas
a la tecnología. Ella ha sondeado y continúa sondeando
véanse sus creaciones en vídeo o la última
producción en soporte CD-ROM todas las posibilidades de
los nuevos medios, pero siempre con su estrategia inconfundible de burlar
el uso más "literal" de las máquinas.
Su especial aportación al arte contemporáneo, y particularmente
al arte electrónico, reside no sólo en sus aventuras pioneras
en la exploración de determinadas tecnologías, sino que
radica sobre todo en el hecho de haber logrado una resonancia mutua
entendida como efecto sincronizador entre concepto, proceso
y medio de creación. En este complejo engranaje sobresale, como
elemento "lubrificador", la comunicación autor-medio
que se traduce en su disposición para adentrarse en el lenguaje
propio de cada tecnología y extraer diálogos y resultados
inusitados. "Reinventar las ideas"6, afirma Marisa; crear
simbiosis en calidad de resonancias temporales o procesales, formulamos
nosotros. Éste es el punto álgido que da unidad a su extensa
obra. En este sentido, la obra de Marisa no está muy distante
de la comprensión de la dinámica vital de la naturaleza
según la teoría de Friedrich Cramer, que considera que
"la resonancia de tiempos cíclicos propios es el
mecanismo a través del cual la naturaleza mantiene su unidad,
su totalidad"7.
Notas
1. Según
la teoría de Friedrich Cramer. Ver del autor Der Zeitbaum.
Frankfurt am Main/Leipzig, Insel Verlag, 1996.
2. Marisa González, "Sistemas generativos: electrografía.
La fotocopiadora, instrumento de creación", en el catálogo
Pinturas Electrográficas.
Madrid, Galería Aele, 1989, pp. 8-9.
3. Marisa González, texto del catálogo de la exposición
de Sistemas Generativos, pintura (técnica mixta), montajes y
vídeo, Museo Municipal de Bellas Artes
de Santander, mayo de 1983, p. 6.
4. El sistema de vídeo-ordenador Lumena con paleta digital fue
inventado por John Dunn para artistas visuales, cuyo objetivo era aunar
de forma versátil
e interactiva, pintura, vídeo, fotografía y diseño.
Marisa colaboró activamente
con Sonia Sheridan en las primeras presentaciones en Europa de este
sistema, llevadas a cabo en la ya histórica exposición
"Electra", en el Museo de Arte Moderno de París, en
1984, y en la inauguración del Centro de Arte Reina Sofía
de Madrid, en la exposición "Procesos", en 1986, en
la que Marisa presentó
su primer trabajo artístico realizado con este sistema digital.
El aparato, con
el software original del inventor con número de serie 001, ha
sido donado a Marisa en 1993 por Sonia Sheridan y John Dunn en reconocimiento
a su trabajo artístico y su continuado apoyo y difusión
de los Sistemas Generativos.
5. En esta época, los medios de los que los artistas podían
disponer eran especialmente reducidos. A pesar de que la primera red
telemática ARPANET
Advanced Research Projects Agency Network , que unía
cuatro universidades norteamericanas, fue creada en 1974, la comunicación
telemática todavía no estaba difundida. Sería sólo
a partir de 1989,
con la creación del sistema Web que se basa en el Protocolo de
Transporte
de Hipertexto (http), un estándar de Internet, cuando empieza
a proliferar
el uso de Internet de manera global y pública.
6. Marisa González, "Identidad Territorios", en el
catálogo Viaje a Onil.
Madrid, Galería Aele, Evelyn Botella, 1996, p. 7.
7. F. Cramer, op.cit., p. 238.
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