LO
UNO Y LO MULTIPLE
Textos Román
Gubern
A Marisa González
de Román Gubern
La evolución de las artes plásticas en las tres últimas
décadas del siglo xx está indisolublemente ligada a la
acelerada evolución de la tecnología, tanto en el ámbito
de su hardware como de su software.
L a irrupción de la cámara polaroid, del vídeo,
de la fotocopiadora, del láser, del ordenador y de la imagen
digital ha supuesto un terremoto para las estrategias creativas en las
artes visuales, a la espera de que la todavía indócil
holografía acabe por integrarse en la nueva panoplia de tecnografías
de la modernidad.
Si el invento de la perspectiva en el Quattrocento fue fruto de la incorporación
de las leyes de la geometría, la óptica y la matemática
al arte de la pintura, la nueva tecnologización del arte ha derivado
sobre todo en la manipulación de la luz por
la quincallería perteneciente a los paradigmas de la electrónica
y de la fotónica.
De un modo un tanto apresurado y simplificador se califica al nuevo
quehacer plástico de arte digital, o multimedia, o multidisciplinar,
o tecnoarte. Ninguna de tales calificaciones resulta satisfactoria en
el caso de Marisa González, una artista que ha transitado desde
la electrografía hasta la videografía y las secuencias
fotográficas, a partir de la matriz teórico-práctica
de los Sistemas Generativos,
en los que se produjo su formación académica en Chicago.
Aunque el concepto
de arte digital, que lleva implícito el principio de la discontinuidad,
contamina casi todas las provincias del arte plástico contemporáneo.
El concepto de sistemas generativos, que habría hecho las delicias
del Walter Benjamin quien reflexionó sobre la reproductibilidad
técnica como creación estética, se halla en la
base de las estrategias de Marisa González, en las que incide
por demás su temprana formación musical, plasmada en sus
estructuras fotográficas seriales, cual metamorfosis plásticas
no muy alejadas de las secuencias musicales. Hasta aquí llega,
por lo tanto, el principio de la discontinuidad, elaborado y dominado
por la artista mediante imágenes analógicas. No se olvide
que en la cultura digital la discontinuidad existe para ser disimulada
y ocultada al ojo del observador, pero para propiciar con tal ocultación
la prodigiosa metamorfosis de sus imágenes. Marisa González
hace lo mismo, pero utilizando como materia plástica imágenes
analógicas, las imágenes que han edificado un siglo y
medio de cultura visual.
En la tradición de Heráclito, las artes de la secuencialidad
y del cambio tienen, como efecto añadido, un valor cognitivo
y pedagógico, pues nos hacen aprehender algo que es propio de
la realidad que nos rodea y que a veces se escurre inadvertida ante
nuestros ojos. Desde las cronofotografías de Marey hasta las
secuencias icónicas de Marisa González media más
de un siglo, un siglo panóptico caracterizado por
la prodigalidad icónica. En esa tradición de la modernidad,
en la que lo uno
es múltiple, se inscribe la obra plástica de esta artista
bilbaína que ahora podemos admirar en esta exposición.
Gubern, Román:
Catedrático de Comunicación audiovisual y escritor
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