ENTREVISTA
Conversación con Marisa González
Entrevista Menene
Gras Balaguer
Esta conversación se ha desarrollado como algo inevitable, durante
el proceso de elaboración de la exposición, y ahora se
presenta a modo de seguimiento del proyecto en el que la artista ha
estado trabajando los dos últimos años, desde que
lo inició hasta su conclusión, en mayo de este año
2000.
El período de tiempo transcurrido ha sido especialmente fructífero
para ella, que ha podido sincronizar la voluntad de interrogar críticamente
su trabajo y de involucrarse en un nuevo proyecto. Su testimonio directo
equivale a una presencia que considero de interés, por cuanto
permite conocer sus intenciones sin mediar la interpretación,
que hace todo receptor en una situación en que se produce la
comunicación. Se ha tratado de repasar su trayectoria brevemente
y a la vez de situar el trabajo que se muestra en esta exposición,
argumentando su unidad. Los términos recuperación, reciclado,
manipulación y transformación son claves para acceder
al conocimiento de su obra, como parece demostrarse en el desarrollo
que ha adquirido desde el abandono de la pintura muy al comienzo por
la investigación de los instrumentos que brindaban las nuevas
tecnologías incorporadas en las prácticas artísticas
habituales a partir de los años 60 y 70.
Su pertenencia a las generaciones que exploraron las posibilidades del
Copy Art
y del Fax Art, y que del empleo de los medios analógicos pasaron
al de las erramientas digitales, permite su ubicación en un contexto
internacional, en el que las formas del arte no se entienden sin la
incorporación de la técnica, con las consecuencias que
esto comporta, cuando la experimentación se defiende incluso
pese a que las prácticas del arte se conviertan en prácticas
alternativas, fuera de los circuitos del mercado. El texto de Sonia
Sheridan sobre la artista, que se incluye en este catálogo, proporciona
los datos necesarios para su ubicación en los inicios de su trayectoria
en el Art Institute de Chicago, donde se investigaba sobre la base a
los descubrimientos derivados de una tecnología aún muy
incipiente. Marisa González nunca ha abandonado el espíritu
de indagación y exploración de recursos que la tecnología
pone al servicio de la información y de la comunicación,
y a las que obliga el compromiso del artista con el presente histórico.
Ninguna conversación es definitiva nunca, ninguna afirmación
o negación es única. Pero, al menos, en la reproducción
de esta conversación en su laboratorio, a la que se podrían
agregar fragmentos de muchas otras mantenidas durante el proceso de
concepción y elaboración del proyecto, se ha intentado
desvelar en la medida de lo posible la intencionalidad subyacente al
mismo, sin dejar de reconocer las carencias del lenguaje, que el poder
de las imágenes hace aún más obvias.
P> A primera vista, las imágenes que se reúnen en esta
exposición se desvían de la iconografía más
reconocible en tu trabajo, aunque, obviamente, esto sea difícil,
habida cuenta de lo que se presume como resultado de su particular evolución.
¿Cómo se puede formalizar el argumento que hace las veces
de hilo conductor?
R> El argumento de esta exposición arranca de la necesidad
de atrapar un acontecimiento que implica el derribo de una construcción
convertida en simbolo de la industria del País Vasco. El hecho
es indisociable de mi propia biografía, y esto tal vez contribuye
a mi interés por el suceso. Se trata de la fábrica que
se creó a finales del siglo XIX, con el fin de manufacturar la
harina y el pan y proveer de este abastecimiento a la ciudad, con los
últimos avances tecnológicos europeos. La fábrica
era una de las más avanzadas de Europa en aquel momento, por
cuanto se incorporó la maquinaria más moderna, y en lo
relativo a su capacidad de producción. Al cabo de un siglo, la
propia necesidad tecnológica la hacía caduca. Su continuidad
se veía amenazada desde hace un tiempo, a pesar de los sucesivos
intentos de modernización, tras los cuales se decide el derribo.
P> ¿Qué hechos fueron determinantes no sólo
para que la fábrica llamara
tu atención, sino para que iniciaras el desarrrollo del proyecto
que has concluido?
R> Casualmente, estaba en Bilbao cuando supe que la fábrica
iba a ser derribada por las circunstancias mencionadas. Sentí
cierta curiosidad por ir a visitar este lugar, y decidí ir, con
ánimo de hacer un reconocimiento de unos espacios que desconocía.
Un conjunto en el que se aglomeraban varios edificios de diferente estilo
arquitectónico. Con el tiempo, había quedado sitiada en
el centro de la ciudad. El impulso lo recibí del propio estado
y condición de la fábrica, al igual que de la inminente
desaparición que iba a resolverse al cabo de muy poco tiempo.
Los exteriores del edificio, al igual que la desolación de los
interiores, con su maquinaria y artefactos en desuso, constituyeron
una visión nueva para mí, que se completaba con la pérdida
final derivada de la destrucción. Esto fue el estímulo
decisivo para que yo iniciara el correspondiente registro y archivo
de imágenes.
P> ¿Con qué fin iniciaste el secuestro fotográfico
de los modelos que te brindaba la realidad? ¿Suponías
que era el principio de un proyecto de exposición como el que
acabó siendo y que ahora presentas?
R> Los primeros registros que hice de la fábrica fotográficamente
los acompañé de una apropiación de objetos que
pude recoger para su almacenamiento en mi estudio. Fueron hechos con
la conciencia de rescatar algo que podía desaparecer.
En cuanto dispuse del material en el lugar donde trabajo, y empecé
a revisarlo,
me fui apasionando cada vez más, hasta darme cuenta de que iba
a ser el argumento de la exposición. Regresé varias veces
a Bilbao para asistir al desarrollo de los acontecimientos, que iban
a precipitar el derribo del edificio. Sorprendentemente, hace dos años,
cuando pisé la fábrica por primera vez, todavía
estaba en funcionamiento. De hecho, no se paralizó por completo
hasta el 31 de diciembre de 1998, cuando cumplía cien años
de existencia. Después, con el derribo, se fueron descubriendo
elementos que se mantenían ocultos, como sucedió a raíz
de la caída del muro gris que recubría los silos blancos,
en los que los vagones de tren descargaban las toneladas de trigo que
acumulaban. Detrás de una fachada neutra, aparecieron los siete
silos, con una altura de siete pisos aproximadamente. Cuando tuve la
noticia de este descubrimiento y de su inminente derribo, regresé
de inmediato a Bilbao, con el fin de registrar el lento desprendimiento,
silo a silo, día a día, hasta su total desaparición.
El ritmo del derrumbamiento de estos monumentales cilindros metálicos
fue sobrecogedor. Contribuían a la desolación de este
paisaje, el frío, la lluvia, el ruido de las grúas en
acción, aplastándolos uno a uno. Con el registro de este
espectáculo inédito
y único, concluí mi trabajo en el lugar de los hechos.
P> Volviendo al primer punto, a propósito de la separación
que parece haberse producido entre las imágenes arquitectónicas
que hacen referencia a un lugar
y a unos espacios específicos, y aquellas que constituyen el
origen de los trabajos que los preceden, qué explicación
puede darse. Por otra parte, no siempre
se produce una relación inmediata y evidente entre el origen
de un trabajo y el desarrollo posterior que éste puede adquirir.
R> En apariencia, sí parece que me aparto de los modelos que
aportan
la base de otros trabajos míos, en los que predominaba la presencia
de lo humano; pero antes de recurrir a la figura humana, yo trabajo
con el objeto.Lo que hacía era asignar al objeto vida humana,
lo cual me permitía relacionar elementos o artefactos entre sí,
como si se tratara casi de seres humanos.
Esto ocurre a principios de los años 80, aunque en los 70 ya
trabajaba sobre siluetas humanas, sea partiendo de una fotografía
real, que manipulaba, o de plantillas que yo misma dibujaba. En el 86,
mientras trabajaba en las grafías musicales de compositores contemporáneos,
hice un viaje a Onil, para visitar la fábrica de muñecos,
que convertiría también en un lugar de referencia de mis
series sobre los muñecos. Con la cámara fotográfica
tomé unas cuantas imágenes de aquel universo apasionante,
que después dejé a un lado. Hasta el 91, no las recuperé
para incorporarlas en mi trabajo. La primera serie data de principios
de los 90. Ésta y las que le siguieron fueron el pretexto para
volver a las imágenes de La Violación hechas en el 71,
en un vertedero de Chicago, con una muñeca. Hice un segundo viaje
a Onil en el 93, con la finalidad de ampliar la documentación
fotográfica que había archivado sobre el proceso de fabricación
y sobre los propios moldes. Incluso me traje a mi estudio sacos llenos
de fragmentos de muñecos, cabezas y extremedidades superiores
e inferiores, de desecho, material que utilicé exhaustivamente
mediante el sistema digital Lumena, de Sonia Sheridan, con la que estudié
en el Art Institute de Chicago y establecí una sólida
amistad que perdura hasta hoy.
P> Efectivamente, la figura humana está presente en toda tu
trayectoria, incluso en las series de "desviaciones", donde
las formas de la fruta, los limones, las fresas y los kiwis adoptan
por sí solos formas del cuerpo humano muy insinuantes. ¿Hasta
qué punto creías que la arquitectura te distanciaba de
tus anteriores preocupaciones artísticas?
R> El objeto de mi trabajo siempre ha sido, como acabo de decir,
lo humano,
y esta incursión en la arquitectura, si bien me apasionaba, me
parecía alejada
y fría con respecto a mis trabajos precedentes. Aunque, al seguir
indagando
en este entorno, me fue pareciendo emocionante y sentí que, efectivamente,
mi interés creciente se debía a la posibilidad de proyectarme
personalmente.
Hasta que esto no se produjo, me había limitado a documentarla,
y sólo a partir
de aquí empecé a trabajar sobre el material que había
archivado, con ánimo
de convertirlo en la base de mi siguiente trabajo.
P> ¿Con qué herramientas has configurado las imágenes
que presentas
en esta exposición? ¿En qué relación o proporción
empleas la fofotografía, el vídeo y el ordenador?
R> Cada nueva exposición es una oportunidad para revisar la
obra anterior
e iniciar nuevas vías de exploración. En el presente caso,
esto parece obvio,
en la medida en que desarrollo un tema nuevo, y en que por primera vez
voy
a incluir objetos reales en lugar de su representación. Me refiero
a elementos como el silo, las luminarias, un reloj, algunos carteles,
sin dejar de incluir un trabajo fotográfico que he desarrollado
para este proyecto y una videoinstalación.
La fotografía y la fotocopiadora han sido herramientas constantes
en mi trabajo;
en menor medida la cámara de vídeo, pese a la importancia
que le he concedido siempre. Pero, el ordenador ha sido la máquina
imprescindible para mí, desde 1986, cuando presenté con
Sonia Sheridan el nuevo sistema Lumena en la exposición "Procesos,
Cultura y Nuevas Tecnologías" que se inauguró este
año
en el Reina Sofía. En "La Fábrica" incorporo
la fotografía digitalizada, el vídeo
y el ordenador. Sin éste último no, no habría conseguido
los resultados que deseaba obtener, como se hace visible en los paisajes
desplegados.
P> Creo interesante recordar que esta exposición ha estado
precedida
de un largo proceso de elaboración, que ha requerido previamente
una labor de información y documentación abundante, al
igual que la existencia de un proyecto que se mantiene desde hace dos
años.
R> En los reiterados viajes a Bilbao que he hecho durante este tiempo
he ido con un equipo de cámaras fotográficas y de vídeo
para registrar, no sólo espacios abiertos y cerrados, sino para
rastrear todas las existencias. La inminente desaparición de
todo esto era motivo suficiente para que en cada expedición sintiera
la necesidad de acaparar el máximo de documentación visual
y escrita. Esta fábrica tenía para mí muchas connotaciones
biográficas. La veía, desde fuera, como un recinto inmenso
y misterioso, inaccesible. Hasta 1975 tuvo el monopolio de la fabricación
del pan en Bilbao. El rápido desarrollo de los acontecimientos
que precipitan el derribo del edificio estimularon el descubrimiento
por mi parte, con resultados cada vez más sobrecogedores. Pude
recuperar parte de la documentación escrita, balances, informes
sobre el personal, maquetas, planos, carteles de señalización,
sabiendo que gran parte de estos papeles habían contenido una
información confidencial ahora carente de uso, pero que conservaba
su interés para mí, porque me hacían accesibles
unos datos que me permitían reconstruir la historia del poder
económico de la ciudad, aunque en una parcela reducida de la
misma. También pude rescatar unas cuantas lámparas industriales,
que han servido para la instalación de las luminarias, y un silo,
que se ha vuelto a montar aquí, con la intención de reconstruir
físicamente un cubículo metafóricamente habitable,
a modo de celda presidida por un reloj igualmente real. Deseo hacer
explícito que en ningún caso he querido incorporar estos
elementos
de realidad con una visión "retro", de anticuario,
ni melancólica, sino sobre la base
de un discurso de apropiación, de organización de los
espacios, para configurar
una experiencia particular muy intensa que deseaba comunicar. Ninguno
de los elementos por así decir reales que se han trasladado hasta
aquí es arbitrario; responden no sólo a un interés
particular para que formaran parte de esta exposición como elementos
de una instalación, sino también a mi afán de recuperar,
reciclar, manipular y transformar. Son procedimientos para estirar de
algún modo el tiempo de permanencia de las cosas. El acopio que
hice de materiales y de la información o documentación
que utilicé fue seguido de una rigurosa selección y de
la síntesis correspondiente antes de emprender ninguna actuación.
P> ¿Qué función o papel ha desempeñado
la fotografía en esta exposición?
A mi juicio, ha sido imprescindible al menos para archivar datos acerca
del edificio de la fábrica y para iniciar la manipulación
icónica mediante el ordenador.
R> La fotografía siempre ha sido una herramienta complementaria
en mi trabajo. A principios de mi estancia en Chicago, en 1971, mi trabajo
plástico parecía acusar una visión más bien
pictórica. Pero desde el inicio de mi trayectoria, cuando empezaba
a pintar, la fotografía ya era esencial para mí. Era la
herramienta que me permitía captar los instantes que quería
retener. Mientras hacía el Master en el Art Institute de Chicago,
abandoné definitivamente la pintura, para entregarme por completo
a la exploración y experimentación de las nuevas tecnologías.
La fotografía pasó a desempeñar la función
de base de datos y banco de imágenes al que he recurrido constantemente.
Mi modo habitual de trabajar implica recurrir
a este arsenal que voy acumulando a lo largo de mi vida con diferentes
pretextos.
P> Sin embargo, no todos los trabajos que resultaron de aquella voluntad
de experimentación con las nuevas tecnologías se limitaron
al uso de la fotografía,
ni siquiera como fundamento o punto de partida.
R> La utilización de las herramientas tecnológicas
a mi disposición me permitió prescindir de la fotografía.
La captura de imágenes la generaba con otros métodos menos
ortodoxos, como colocar los objetos reales o modelos directamente
sobre el cristal de la fotocopiadora. Con el control del espacio/tiempo
y de la luz, construía así las secuencias generativas.
A esto le llamaba pintura a la luz, porque la intervención se
producía en el momento en que la máquina capturaba la
imagen. Trabajé con la fotocopiadora hasta el inicio de los 90,
época en la que incorporé
el ordenador como instrumento procesal prácticamente único,
aunque mis primeros trabajos hechos con ordenador los inicié
en el 86.
P> ¿Cuál fue la difusión de la electrografía
en España? ¿Se produjo con
mucho retraso respecto de EEUU, y hasta cuándo se prolongaron
las experiencias
y manifestaciones en su dominio?
R> En los 70 el uso de la fotocopiadora como instrumento de creación
sólo había dado hechos aislados en España. La proliferación
de paradigmas empezó
a darse, cuando se incorporaron al mercado las fotocopiadoras en color,
en los 80. Los artistas por lo general nos interesamos por descubrir
posibilidades de incorporar nuevas herramientas a nuestros lenguajes;
en lo que a mí concierne, tiendo claramente a utilizar las herramientas
propias del tiempo en el que vivo.
La fotocopiadora era entonces una máquina mágica, porque
por primera vez
te devolvía el resultado en un segundo. Aunque antes de accionarla
se tenía que concebir y definir lo que se iba a hacer. La captura
de la imagen era instantánea
y su representación casi simultánea. Por primera vez,
era posible la generación
de imágenes y secuencias inmediatas, gracias a la velocidad con
la que se obtenía el resultado, facultando el desarrollo de nuevos
lenguajes. Odiábamos la palabra "copia", porque la
imagen final no lo era y además porque solía intervenir
la alteración a causa del error o del azar, que propiciaba la
propia dinámica de la generación de la imagen. Este fue
el gran atractivo de esta herramienta.
Con la aparición del ordenador, predije, no obstante, que la
fotocopiadora pasaría
a tener un protagonismo secundario. En el fondo, pienso que los artistas
utilizamos las herramientas y nuevos medios que la tecnología
pone a nuestro alcance para formar parte de los recursos expresivos
individuales, y la fotocopiadora se ha quedado como un recurso más,
que se suma al inventario de los ya existentes.
P> La sustitución
de la fotocopiadora, cuyas limitaciones tarde o temprano tenían
que hacerse evidentes, por el ordenador respondía a una necesidad
de expansión de recursos de la práctica artística.
Pero, no es muy común rescatar aparatos que quedan fuera de circulación,
y menos aún adaptarlos para que
sigan funcionando.
R> El ordenador es un recurso muy potente, capaz de absorber múltiples
entradas de información. Durante años, la captura de la
imagen la realicé mediante la configuración original del
sistema Lumena. Dicha configuración constaba y consta de paleta
digital, y captura la imagen de vídeo en circuito cerrado. Durante
casi toda la década de los 90 fue éste mi recurso principal.
Con la correspondiente cámara de vídeo capturaba a los
amigos de la profesión que visitaban mi estudio. Construí
con esta cámara la escenografía para los muñecos
clónicos. Este periodo fue emocionante: el equipo, prácticamente
caduco teniendo en cuenta la vertiginosa carrera tecnológica,
poseía unas peculiaridades intrínsecas al software sorprendentes.
Es un equipo clónico de principios de los 80, sólo con
512 K: uno de los primeros ordenadores personales compatibles PC -XT,
que a través de la captura analógica permite una captura
de imagen instantánea. Y, con la paleta digital, se accede al
menú y a su posterior manipulación. A pesar de estar acostumbrada
a la inmediatez de la fotocopiadora, este sistema continuaba devolviéndome
la imagen casi al instante. La dificultad estribaba en la salida de
la imagen. Tratándose de un equipo de los 80, ninguna impresora
actual resulta compatible. Por este motivo, la captura de la imagen
procesada por este ordenador la hacía retratando la pantalla,
y, en muchos casos, después procedía a otra intervención
en el mismo instante de la toma fotográfica. De nuevo la fotografía
vuelve a ser imprescindible, como puede verse. Al mismo tiempo, para
mantener la vigencia de este equipo, he incorporado la disketera universal
de los 90, el 3,5, y con un programa especial puedo trasladar estas
imágenes a los ordenadores de hoy, combinando recursos del pasado
y del presente.
He conseguido reciclar esta máquina que ya se considera una reliquia,
demostrando que el potente software de John Dunn puede seguir siendo
insustituible en algunos aspectos.
P> La adaptación del "sistema" te ha permitido seguir
utilizando un ordenador que está retirado del mercado hace mucho
tiempo, y que está fuera de uso.
¿Qué rendimiento se puede sacar a un aparato que está
completamente fuera
de circulación?
R> Hoy, la salida de la imagen ya no constituye un problema. Con
el equipo
de que dispongo en el estudio, he logrado reciclar este ordenador, como
decía hace un momento, igual que reciclo imágenes, objetos,
elementos y cosas, que actualizo de forma diferente, para construir
una nueva realidad. El apego a aquello que ha ejercido una atracción
intensa sobre mí no me deja desprenderme de este artefacto, el
sistema Lumena, con el cual sigo procesando imágenes como la
serie de retratos iniciada desde el momento en que este ordenador entró
en mi estudio,
y que sigue inconclusa, como un work-in-progress. Porque el retrato,
con este sistema obsoleto, se convierte en una performance lúdica,
que establece una relación cómplice entre el modelo, la
máquina y yo.
P> ¿Cuándo incorporas la fotografía digital
en tu trabajo y qué ventajas tiene con respecto a la fotografía
convencional? ¿Es definitiva la sustitución de una por
la otra, o es mejor seguir alternando los dos modelos?
R> En primer lugar, el concepto de fotografía digital es amplio.
En cuanto
a mí, en particular, me remonto hasta las fotografías
que hacía de la pantalla del ordenador Lumena, que ya eran digitales.
Aunque recurriera a la captura analógica, es decir, con la cámara
de vídeo, el registro era digital. El procedimiento consistía
en una mezcla de componentes analógicos y digitales: con la cámara
de vídeo, capturaba el objeto, y con el lápiz óptico
registraba y manipulaba los datos. Paralelamente, con los otros equipos,
he escaneado fotografías mías que tengo archivadas y las
manipulaba en el ordenador. Un tercer recurso con el que estoy trabajando
ahora es la cámara digital, que he utilizado tanto en la serie
de los frutos transgénicos, como en el proyecto de La Fábrica.
Necesito, no obstante, alternar esta cámara con las tradicionales,
porque hay determinadas apariencias que sólo se obtienen mediante
éstas últimas.
P> Imagino que
la cámara digital ha sido una aportación importante para
realizar trabajos como el que presentas, no sólo por sus posibilidades,
sino también porque permite economizar medios. Pero, en qué
medida puede considerarse decisiva para el procesamiento posterior de
las imágenes.
R> La cámara digital es un recurso magnífico para el
acopio de datos, pero
no permite grandes formatos, sin que aparezca el pixel, y a mí
no me interesa que quede rastro de esta huella. Aun así, la he
utilizado como recurso complementario. Las fotografías que se
exponen fueron capturadas analógicamente, pero se han tenido
que leer mediante el ordenador para descodificar y des-significar los
elementos constitutivos de espacios interiores y exteriores de la fábrica,
demasiado obvios, con la finalidad de construir nuevos territorios.
P> ¿Cuál ha sido la intervención del ordenador
en esta manipulación de
la imagen efectuada para la consecución de los efectos conseguidos,
partiendo
de unos modelos en apariencia inalterables?
R> El ordenador ha sido imprescindible para crear los paisajes desplegados
y alterar los hábitos de la percepción ordinaria. Esto
ha impuesto la exploración
de los motivos existentes en las imágenes capturadas y la organización
de los nuevos paisajes, cuya artificialidad se confunde con lo real.
Esta confusión se produjo originalmente al hacer las fotografías
en determinados lugares o localizaciones
que, por su fragmentación, se prestaban a una identificación
ambigua.
Por ejemplo, en los tejados de la fábrica, había sitios
que eran auténticas terrazas de agua. Las descubrí, después
de encaramarme por unos accesos insólitos
que conducían a estas azoteas acuáticas, desde donde se
dominaba una visión panorámica de la ciudad y del monte
cercano. El agua había propiciado una vegetación accidental,
al igual que la existencia de una fauna acuática y la presencia
de palomas que sobrevolaban el paisaje sin cesar. Constituyen el modelo
de la serie de paisajes húmedos que incluyo entre los exteriores
de la fábrica.
P> Creo que uno de los aspectos de estas fotografías que cabe
poner
de relieve es el formato, que en ningún caso puede interpretarse
como resultado casual, sino que, obviamente, se ha buscado a propósito
para la obtención
de determinadas apariencias.
R> He querido recurrir a un formato horizontal, básicamente
para dar
la sensación de que el paisaje podía extenderse indefinidamente.
El límite es solamente el del espacio físico, al que se
han tratado de adaptar
las imágenes fotográficas. Esto responde al deseo de mantener
un formato irreal, para contribuir a la visión panorámica
de un paisaje que parecía existir por primera vez, cuando yo
lo registro con las respectivas cámaras fotográficas y
con la cámara de vídeo. Por otra parte.el despliegue que
he realizado digitalmente casi lo exigía, con el fin de adecuar
imagen y forma de presentación, ya que ambas cosas parecían
determinarse la una a la otra. No habría tenido sentido mantener
un formato convencional, simplemente para ajustarme a los formatos standard.
Más bien lo he visto como una posibilidad de probar y experimentar
con
otras medidas, y me alegro de haberlo hecho así. La justificación
se remite
a mi intención de descodificar las claves de percepción
del paisaje real, lo cual implicaba desorganizar sus formas para reinventarlo.
P> ¿Qué papel ha desempeñado el audio en esta
exposición?
Cada instalación es autónoma en este sentido. Cada una
dispone de la banda sonora que introduce la narración, y, por
consiguiente, también la acción,
en los escenarios construidos.
R> La incorporación del audio es inherente a la presentación
de mis trabajos, como ha podido verse en casi todas mis exposiciones.
Creo que música e imagen
se potencian la una a la otra respectivamente. En el caso actual, más
aún, tratándose de las instalaciones que presento. Los
recursos sonoros que incorporo son de diferente orden: las voces que
recitan los nombres de los obreros de la fábrica, cuyos libros
de familia se proyectan en la pared del fondo del espacio cerrado donde
se han colocado las luminarias; o el ruido grabado en el lugar de los
hechos, durante el derribo de la fábrica, la caída de
los silos y la acción de las grúas, simultáneamente
con la imagen. La fuerza del sonido real era tan intensa, que me decidió
a incorporarla tal cual como parte de las bandas sonoras, en las que
he recurrido también a la música del gran compositor contemporáneo
Francisco Guerrero.
P> En algún
momento has manifestado tu intención de extender esta experiencia
recurriendo al Net Art, para llegar a un público más amplio,
y porque esto te permitiría diseñar un proyecto más
completo.
R> Para mí, favorece el intento de recopilar diferentes experiencias
de comunicación e intercambio. El Net Art está teniendo
un amplio desarrollo, dadas sus posibilidades. En la producción
artística con herramientas tecnológicas, la disponibilidad
de las mismas marca unas posibilidades en lugar de otras.
La búsqueda incesante de nuevos medios de expresión por
parte de aquellos artistas que desean hacer compatible su producción
con los instrumentos disponibles fomenta la investigación y la
aplicación de dichos recursos.
Hace unos años hubiera lanzado un trabajo de Fax Art, de acuerdo
con los trabajos que realicé a principios de los 90, en los que
numerosos artistas internacionales intervinimos, en un presente real,
en los temas que se habían lanzado previamente en una gran convocatoria.
El resultado fue una gran experiencia compartida
que considero como un modelo de interactividad, por la dinámica
que se creó.
P> Cuál es, no obstante, tu propuesta para adecuar las facilidades
que
te ofrece el Net Art para alcanzar a este público anónimo
que visita o transita por la red, parte del cual puede ser visitante
virtual de la exposición.
R> Es evidente
que, hoy, la herramienta interactiva por excelencia es la red.
Mi propuesta es lanzar a la red un trabajo interactivo, que entiendo
como estrategia de participación y de comunicación. Se
trata de aprovechar los medios existentes para hacer que este acontecimiento
se transforme en una experiencia colectiva
de la comunidad virtual. Mi propuesta se traduce en una convocatoria,
consistente en enviar imágenes y textos de historias de fábricas
significativas de un cierto tipo de arquitectura industrial, en proceso
de destrucción, con la que el participante tenga alguna vinculación
por vecindad, parentesco o interés de alguna clase.
Se cuenta con él para ampliar y documentar así las diferentes
historias. En la exposición se mantendrá un puesto de
ordenador abierto al público para que todo el que lo desee tenga
oportunidad de intervenir. Toda participación quedará
registrada, y podrá así ser visitada en la red.
P> A diferencia
de otros artistas que irrumpen en el sistema como si la posibilidad
de acceso a la Red fuera lo más natural y hubiera existido desde
siempre, tú eres una de las artistas que más ha trabajado
con mucha anterioridad en el poco conocido ámbito del Fax Art.
Me gustaría que recordaras algunos
de los hechos o experiencias más relevantes, que han tenido lugar
hace muy pocos años, aunque esto parezca lejano.
R> A principios de los 90, un grupo de artistas "no organizados"
de diferentes países desarrollamos una gran actividad en este
espacio, en el que veíamos
en el fax una máquina que nos permitía una comunicación
instantánea, y, por consiguiente, favorecía una interactividad
casi en tiempo real. Entre otras experiencias, quiero mencionar el proyecto
"People to people", con origen en la ciudad de Praga, y el
"City Portraits", en la Galerie Donguy de París. Éste
último era el contenido de una de las convocatorias del grupo
Art Réseaux, de París, entre otras propuestas formuladas
por este grupo de estudiantes de doctorado, de la Sorbona, que dirigía
Karen O´Rourke, como "Parcours d´images", "Paris-Télépatie",
"Le Banquet télématique", "Infest",
"Réseau du Nouveau Monde" y la exposición
"In progress Machines à communiquer" en la Cité
des ciences et de l´Industrie
de la Villette, Paris. Entre los interlocutores, se encontraban en la
época,
Eduardo Kac, Peter Weibel, Roy Ascot, Macias Fuchs, Gilbertto Prado,
por nombrar a algunos de los más conocidos, y que han desarrollado
una actividad artística
y teórica más relevante desde entonces. La convocatoria
se hacía un día, a una hora determinada, y estábamos
todos preparados para actuar. Se trataba de partir de imágenes
que se manipulaban y se devolvían intervenidas, y viceversa.
La actividad del Art Réseaux se prolongó a lo largo de
tres años consecutivos.
Una selección de convocatorias y propuestas lanzadas por el grupo,
así como
de los resultados, se publicó en dos volúmenes en las
Editios de l´Atelier Mimématique. Para la Documenta de
Kassel del 92, se planteó otra convocatoria de carácter
internacional, con el tema "Performance de Binarización/Memoria
Humana del siglo XX". También participé en la propuesta
"The longing of the electronic media for nature" lanzada desde
Gmund, Colonia.
P> Tú misma anunciaste algunas convocatorias y fuiste muy
activa en el sector. De hecho, nunca has renunciado a una concepción
del arte como experiencia comunicativa y participativa. Por este motivo,
tal vez, tuviste un papel destacado
en este ámbito tan poco explorado, y que ha sido muy pronto reemplazado
por
el Net Art. ¿Qué proyectos pondrías de relieve?
R> De las iniciativas que promoví en la época, quisiera
mencionar
la Estación Fax que organicé en el Círculo de Bellas
Artes de Madrid, en 1993,
con mis alumnos del taller de Arte Actual que dirigí en 1992,
y en el año 95,
la que organicé en Bilbograf, en la Sala Rekalde de Bilbao, con
los temas, la crisis de la cultura, y "cuerpo individual/cuerpo
infectado", "cuerpo social/cuerpos contaminados". La
estación de fax del Círculo fue una instalación
interactiva
que funcionaba de 5 de la tarde a 8 de la mañana, y que contó
con una alta participación internacional. En el libro Elektrographie.
Analogie und digitale
Bilder, de Klaus Urbons, editado por Handbucher und Lexica en Colonia,
en 1994,
se habla de la Fax Station del Círculo e incluso se incluye una
fotografía
de la instalación, como uno de los trabajos más representativos
del Fax Art.
P> El Fax Art está precedido a su vez del Mail Art, que fue
uno de los primeros intentos para trascender la individualidad y el
aislamiento de la obra y del artista. De hecho, participaste en un homenaje
al "Mail Art" en la exposición "Art Travels"
del Museo de la Civilización de Quebec (Canadá). ¿Qué
relación ves entre
el Mail Art, el Fax Art y el Net Art, que se han ido imponiendo de acuerdo
con la disponibililidad de las nuevas tecnologías de la información
y de la comunicación?
R> De hecho, en todos estos sistemas se utilizan las mismas claves
de interactividad; lo que varía es la medida del tiempo y del
espacio. Los trabajos
que se han realizado en estos ámbitos han sido siempre no comerciales,
y antes que nada experiencias alternativas, que han favorecido la comunicación
entre artistas. La sustitución del Mail Art por el Fax Art ya
fue altamente significativa, por cuanto el simple correo fue reemplazado
por una forma de comunicación mucho más rápida
e inmediata, y que en su momento propició descubrimientos
de diverso orden. La simultaneidad en el tiempo de la comunicación
era
un factor nuevo, que introducía numerosas posibilidades, pero
el Net Art añadió
la simultaneidad en el espacio virtual de la red, implementando formas
de comunicación, que hace pocos años eran sólo
utópicas.
P> Entre las exposiciones internacionales en las que has participado,
creo interesante recordar "What happened to the pioneers",
que tuvo lugar en el Centro de Nuevas Tecnologías de Montreal,
en el 95. Monique Brunet, la comisaria, parecía sugerir que los
pioneros, al cabo de veinticinco años, ya pertenecían
al pasado, dada la velocidad con la que las nuevas tecnologías
habían reemplazado unos instrumentos por otros. ¿Con qué
trabajo fuiste representada?
R> Yo llevé una obra del 72. Se trataba de un trabajo hecho
con la primera fotocopiadora en color que había aparecido en
el mercado dos años antes. "At the End", que era su
título, resumía mi primer proceso de investigación
tecnológica.
Consistía en una secuencia de cuatro fotocopias de siluetas humanas,
que era
el primer tema que desarrollé en estos años. La concebí
a raíz de mi experiencia personal, a mi llegada a Chicago, al
encontrarme diluida en la despersonalización que impone el anonimato.
Éramos doce artistas, y nuestra presencia en la exposición
se justificaba con un trabajo de los 70 y una producción actual.
La mayoría de los artistas había dado continuidad a sus
investigaciones
adaptando el ordenador a sus objetivos. En los 70, la "high tech"
disponible
era la fotocopiadora; el ordenador sólo era accesible en los
grandes centros
de investigación universitarios; y en los 90, en sólo
veinte años, su uso se
ha masificado de tal modo que lo ha convertido en una herramienta cotidiana
de trabajo y ocio, imprescindible.
P> Cómo se produce esta adaptación a los recursos tecnológicos
disponibles, cuya sofisticación es cada vez mayor. Ciertamente,
cuanto más se amplían las posibilidades, más difícil
resulta, en idéntica proporción, la adecuación
de medios y programas al alcance a la producción artística.
R> Antes controlábamos las herramientas tecnológicas
que sabíamos existentes, porque el desarrollo de las mismas era
más lento. En el 92, cuando dirigí el taller mencionado
anteriormente en el Círculo de Bellas Artes, lo titulé
"La Poética de la Tecnología". Yo quería
proponer que no fuéramos los "mecánicos" de
la tecnología. Es decir, que no fuéramos meros técnicos.
La fascinación
que ejercen sobre algunos de nosotros los sistemas tecnológicos
no puede alejarnos
del objetivo fundamental de la creación artística individual
ni del lenguaje que cada cual ha desarrollado. Si hoy tuviera que dar
título a un taller, lo llamaría
"El vértigo de la tecnología". La sensación
de impotencia ante la aceleración incontrolada del desarrollo
tecnológico ha sustituido la sensación de dominio del
medio. Los artistas que habitualmente nos apoyamos en las herramientas
tecnológicas estamos cada vez más supeditados a la aceleración
del consumo
y a la complejidad de los sistemas. Por consiguiente, cada vez necesitamos
más de los técnicos.
P> ¿Se da así una disociación obvia entre el
artista y el programador, y ,como insinuaba Arlindo Machado hace años,
el artista habrá de ser cada vez más
un programador o un ingeniero que conozca la caja negra del ordenador
para poder disponer de todas las posibilidades a su alcance?
R> En las nuevas generaciones, empieza a darse la simbiosis del artista
informático. Mientras que en la mía esto lo hemos ido
aprendiendo poco a poco,
a un ritmo forzado, y prácticamente solos. Por lo cual, cuando
consigo desenvolverme en un programa, es decir, confiar en los resultados,
intento aprovechar al máximo todos los recursos que me son útiles
para configurar un proyecto.
P> Imagino que el proyecto que presentas te habrá servido
para explorar ciertos programas, que tal vez no te interesaban o que
no necesitabas, y a los que ahora has dado aplicación.
R> Sí, por supuesto. He explorado hasta el límite equipos
y programas
con los que trabajo de ordinario. Pero, para esta exposición,
he querido sobrepasar
lo que podía hacer con el equipo digital de que dispongo, y he
necesitado
a un técnico a mi lado, cuya colaboración ha sido imprescindible
durante todo
el proceso de elaboración de la exposición. Esto me ha
permitido utilizar otros softwares en función de los requerimientos
que se imponían, a medida que el proyecto se expandía.
No obstante, los recursos son numerosos, pero la identidad e individualidad
de la obra no se manifiesta tanto en los programas a los que se recurre
ni en las herramientas que se utiliza, cuanto en el cómo y en
los resultados.
P> La relación del artista con la tecnología es a menudo
precaria,
en relación con las posibilidades que brindan las "máquinas",
cuya potencialidad suele estar muy por encima de su aprovechamiento,
y por tal motivo pueden considerarse infrautilizadas.
R> En mis conferencias suelo decir irónicamente que antes
me consideraba artista "high-tech", cuando había poca
tecnología a nuestro alcance;
y, paradójicamente, ahora que me veo utilizando alta tecnología,
sin embargo,
me considero "low-tech". Parece incomprensible, pero es consecuencia
de la excesiva oferta que hay en el mercado, y, a causa de la cual,
no pudiendo abarcarla en su totalidad, siempre estamos insatisfechos.
La amplitud y ritmo de desarrollo es tal, que acabamos resignándonos
a la imposibilidad de estar siempre al día.
P> ¿Es posible que ésta sea una de las razones por
las cuáles se acabe confundiendo el valor de los "medios",
que se utilizan para lograr ciertos resultados, con el valor artístico
y estético de una producción artística específica?
R> Lo ideal sería que se diera una relación de equivalencia
entre una cosa
y la otra, quiero decir entre "high-tech" y "high content",
pero, no siendo posible,
es peferible invertir el sentido y que el contenido supere siempre a
los medios
que se utilicen para resolverlo. Por lo tanto, "low tech"
y "high content", parece
ser la solución más aceptable. A menudo, ocurre lo contrario,
que nos encontramos con alta tecnología y contenidos muy pobres.
Hay algunos trabajos que se convierten en meros muestrarios de recursos
técnicos y pirotecnias, efectistas,
y basta. Así, la relación arte/tecnología se desvirtúa,
sin que ésta última esté
al servicio del anterior, sino al contrario, como si el arte fuera un
insignificante pretexto tendente a desaparecer ante el poder de la técnica.
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